"Jorge y el Dragón" Feliz día del Libro, foreros

Hace 3 años creo recordar que se hizo un concurso de relatos a cuenta de la celebración del día del libro. Por aquel entonces escribí este relato, aunque deje de jugar antes de publicarlo. Ahora, aunque no haya premios en juego, me apetece compartirlo con vosotros. Buen juego.

" Estaba frente a él, dirigiendo su propio ejercito mucho antes de lo que jamás soñó. Observando aquella imponente figura no quiso ni pensar el terror que debieron pasar sus padres y hermanos al ser devorados uno a uno. El dolor, el odio y la resignación a una muerte prematura, por librar a otras familias de ese sufrimiento, atenazaba su garganta.

Día tras día, en su meteórico ascenso a comandante de guerra y arropado por un viejo Lord intuitivo y sabio, sus hombres le habían demostrado una fidelidad absoluta. Eran el contraste a tanto dolor, el orgullo y el honor de dirigirlos llenaba parte de su vacío corazón.

Teniendo a aquel asesino delante, esperando el momento de atravesar su cuerpo con miles de espadas y flechas y deseando ser quien diera el golpe de gracia, no podía quitarse de la cabeza el día en que lo vio por primera vez, cuando siendo un niño volvía a palacio con el grano recolectado de uno de los poblados. Lo vio llegar batiendo alas, escupiendo fuego, y corrió como nunca más correría en su vida dejando todo el grano atrás. Vio la desesperación en los ojos de quienes corrían a su lado dejando también grano, piedra e incluso valiosa madera, todos tenían allí a sus familiares, él incluso tenía a su padre, que no podía trabajar el campo al resultar herido por un arado. Contaba tan solo 11 años y a cada zancada de aquella carrera su corazón sumaba todo el dolor que puede soportar un adulto.

Ya dentro de aquellas endebles murallas de un castillo en construcción con apenas 6 torres, se le escapó el alma del cuerpo. La imagen era desoladora, las noticias sobre los habitantes corrían como la pólvora. No necesitó llegar a la pequeña granja en la que vivía para saber que el dragón la había devorado con su familia dentro. Habían corrido a refugiarse en aquellas 4 paredes recién levantadas.

Se acercaba el momento, el silencio de sus hombres a su espalda era ensordecedor, reflejo de la ansiedad por terminar con todo y del miedo a perder el valor que les lleva siempre a la gloria. Las lágrimas del recuerdo se mezclaban con las del orgullo, la emoción al ver lo que sus hombres hicieron por él. Conocedores todos de que la flor favorita de la madre de su Comandante de guerra Jorge el Imparable era la rosa roja, se las habían ingeniado para lucir todos ellos una de alguna manera, bien dibujada, bien tejida en sus capas o camisas, bien naturales, olorosas y con sus punzantes espinas. Él hacía un tiempo pidió que le grabaran a fuego una rosa en la hoja de su espada, convirtiendo así la flor en la representación de todo cuanto amaba y deseaba vengar.

El dragón empezó a girarse. Desde que lo viera por primera vez no fue el único que vio y los había ido matando a todos. Pero este era especial. Su tamaño, su color, el olor oxidado de la sangre cuando empieza a coagular, su historia de terror. Desplegaba las alas despacio al tiempo que giraba su cuerpo, impresionante, sobre las llamas que él mismo había provocado, hasta que todo su cuerpo se presentó ante el hombre, ante su espada. Jorge no tembló, sus ojos tornaron fríos, cambió el brillo de sus lágrimas por el de la decisión absoluta de morir matando.

Un murmullo se extendió entre las filas. El dragón ya no era lo que recordaban, una vez de frente vieron como su instinto asesino tornaba en confusión. ¡¡Los ojos del dragón reflejaban miedo!! ¿Cómo era posible? Ese monstruo había diezmado ejércitos de igual número. Pero ahí estaba y su confusión fue dando paso al pánico mientras perdía su mirada en los jubones, las capas, las camisas de cada hombre. Y el pánico dio paso a la calma que da la resignación cuando sus ojos se posaron en la espada de Jorge.

Imparable como merece su título, Jorge se dirigía a él con la espada en alto apuntando, despacio, sabía donde dirigirla, el dragón se lo estaba indicando. Mientras se miraban, comprendiendo cómo hay destinos que se cumplen, el dragón levantaba una pequeña escama del pecho dejando al descubierto un trozo de fina piel tatuada con runas. La rosa solo tuvo que atravesar la palabra escrita para acabar con todo. Era el último dragón. Era el final de fantásticas pesadillas. La lucha que empezaba ahora era la del hombre contra el hombre."


Para Alfonso y Jordi, mochales y germanet.
Lucía

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